Marcos

Hola.

Hoy te traigo un email un poco diferente, una historia de Valve a la que se le dio mucho revuelo en su momento.

De esas de hackers y espías que parecen sacadas de una película de Misión Imposible.

Ya me dirás qué te parecen este tipo de historias para darle una bocanada de aire fresco a su bandeja de emails.

Operación "Trampa de Valve": Cómo un adolescente robó Half-Life 2 y obligó a intervenir al FBI

Octubre de 2003.

Gabe Newell, CEO de Valve, ha soltado su taza de café. Se ha hecho añicos al estrellarse contra el suelo.

Está en shock.

El código fuente completo de Half-Life 2 ha aparecido en internet. 

El juego más esperado de la década (un proyecto que le costaba a Valve un millón de dólares al mes) colgado en BitTorrent antes siquiera de existir.

Gabe Newell se hace una sola pregunta. La misma que se haría cualquiera al que le roban: 

¿quién?

La respuesta era un chaval de veintiún años que vivía con su padre en un pueblo de la Selva Negra (Alemania). 

Y la forma en que lo cazaron es una de las mejores historias que ha dado esta industria.

Esto es lo que pasó.

El destino es caprichoso.

Axel Gembe no era un criminal.

Era un fan.

Había llegado al hacking por la puerta de atrás.

Se infectó él mismo con un troyano disfrazado de generador de claves para Warcraft 3

Cualquiera lo habría borrado. 

Pero Gembe lo abrió en canal para ver cómo respiraba por dentro. 

Aprendió rápido. Demasiado rápido. 

Enseguida empezó a escribir su propio malware para robar las claves de los juegos que no podía pagar.

Pero por encima de todo amaba una saga. 

Half-Life. 

En 2002 se moría por lo mismo que medio mundo. Una pista (una sola) de la secuela.

Entonces tuvo la idea. 

Si entro en la red de Valve, sabré lo que nadie sabe. 

No era codicia. 

Era un chico solo, de infancia rota, soñando con el estatus que le daría llevar ese secreto a la única familia que tenía.

Una comunidad de gamers en un canal de IRC (el Discord de la época).

No esperaba llegar a ningún sitio. Pero la primera puerta se abrió sola. 

  • Un servidor mal configurado le entregó los nombres de todos los subdominios de Valve. 

  • Otro, de una empresa asociada, no tenía cortafuegos hacia la red interna. 

  • Y al final del pasillo, el detalle que lo resume todo: una cuenta de administrador llamada "build". Contraseña: ninguna. En blanco.

Gembe se quedó mirando la pantalla. 

En sus propias palabras: "Básicamente, tenía las llaves del reino."

Durante semanas vivió dentro de Valve como un fantasma. 

Leyó los documentos de diseño. Las notas internas. Todo lo que un fan firmaría por ver una sola vez. 

Todo sin que nadie lo notara. Nadie sospechaba. 

Y cuanto más tiempo pasaba sin que saltara una sola alarma, más se atrevía a empujar.

Hasta que finalmente lo encontró…

El código fuente del juego que llevaba años esperando, ahí, al alcance de su mano.

Sabía que no debía si quería seguir siendo un fantasma. 

Pulsó a descargar de todos modos.

Gembe jura hasta hoy que él no subió ese código a la red. Solo se lo pasó a alguien. Le prometió guardarlo en secreto.

No lo guardó.

Y en internet hay una única regla inquebrantable.

"No puedes parar a internet."

Y aquí gira la historia. 

Porque el error que hundió a Gembe no fue hackear Valve.

Fue lo que hizo después.

Cinco meses más tarde, con las pistas frías y el FBI a oscuras, Gembe cogió el teclado e hizo lo último que haría un criminal con dos dedos de frente.

Enviarle un email a Gabe Newell.

Quería pedir perdón (y de paso, pedirle trabajo).

En su cabeza era un plan perfecto.

Había reventado la seguridad de Valve, ¿qué mejor carta de presentación para un puesto de consultor? 

Adjuntó las pruebas de que el autor era él. 

Básicamente les dejó en bandeja de plata lo único que el FBI no había logrado descubrir en meses.

Newell contestó.

Que sí. Que estaban interesados. Que si le apetecía una entrevista por teléfono.

Era un anzuelo. 

Un truco viejo de este tipo de operaciones en las que interviene el FBI.

Dejar que el ego del sospechoso hable por él.

La llamada duró cuarenta minutos. 

La primera pregunta fue cómo había entrado.

Y Gembe (frente a sus ídolos, ardiendo por demostrar lo bueno que era) lo contó todo. 

Con detalle y orgullo.

Cada frase suya era una prueba, y todo estaba siendo grabado.

En Valve quedaron “encantados”. 

Tanto, que le ofrecieron una segunda entrevista. Presencial esta vez, en las oficinas de Valve en Seattle. 

Le pagaban el vuelo. A él, a su padre y a su hermano.

Gembe colgó el teléfono eufórico.

No sabía que ese billete de avión tenía un único propósito.

Que el FBI lo esposara en cuanto bajara la escalerilla en suelo americano.

Este tipo de plan no era nuevo para el FBI.

En el año 2000 levantó una empresa de ciberseguridad falsa llamada Invita para atraer a dos hackers rusos a Seattle con una oferta de trabajo, hacerles una "prueba técnica" y detenerlos al terminar. 

Funcionó a la perfección. 

Y la trampa de Gembe era esa misma jugada.

Pero Gembe nunca llegó a ese avión.

A las seis de la mañana del 7 de mayo de 2004 abrió los ojos y su habitación estaba llena de hombres armados. 

No eran del FBI. Eran alemanes. 

Su propia policía federal se había negado a permitir que engañaran a un ciudadano para arrastrarlo a una prisión de máxima seguridad al otro lado del Atlántico. 

Así que se adelantaron con su propia redada.

Una voz, por encima de los cañones:

– ¡Salga de la cama! ¡No toque el teclado!

– ¿Qué pasa? ¿Qué he hecho? (sabía perfectamente qué había hecho)

– Se le acusa de piratear la red de Valve Corporation, robar el videojuego Half-Life 2 , filtrarlo en internet y causar daños por valor de más de 250 millones de dólares. Vístase.

Después, en comisaría, el jefe de policía se le acercó, le miró a los ojos y le hizo una pregunta que Gembe tardaría años en entender del todo.

"¿Tienes idea de la suerte que tienes de que te pilláramos nosotros antes de que subieras a ese avión?"

Gembe había soñado toda su vida con trabajar en Valve.

Ese sueño fue, exactamente, el cebo con el que casi lo entierran.

Años después le preguntaron qué le diría a Gabe Newell si pudiera. 

Lo pensó y respondió:

"Eres mi desarrollador favorito. Y siempre compraré tus juegos."

Operación Trampa de Valve

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Pasa un gran día.

Marcos.

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